Se acabó la primera mitad de la segunda temporada de The Walking Dead, pero el apocalipsis zombie no ha hecho más que empezar. Es lo que tiene el apocalipsis: que siempre empieza y que nunca acaba.
En este blog se habla mucho de muchas cosas y una de ellas son los zombies. Los leo, los veo en tv y cine, los dibujo por placer y los dibujo por encargo; disfrutando siempre con una mezcla irracional de terror-amor.
Cuando hace casi un año Juan Flahn me encargó la ilustración de portada para un relato suyo de zombies, que estaba presentando a editoriales, dije que si sin vacilación. Ya había trabajado para el con anterioridad, y estaba encantado de hacerlo de nuevo, pero no era solo por eso. Me dijo un poco por encima que trababa de zombies, y que era en el barrio de Chueca, y yo me dije "he muerto y estoy en el cielo". La descripción de los personajes era muy abierta y fue fácil y divertido de hacer, con pocos cambios que hacer una vez terminado. Logícamente me podía la curiosidad y le hice notar que me encantaba el género, diciéndole incluso "tienes que leer estos libros, o ver pelis de este director o ver tal serie" y el me dijo "no quiero ver ninguna cosa de zombies hasta que acabe de escribirlo": la intención era no influeciarse demasiado, y ahora, a pocas horas de haberlo leido, creo que fue un acierto que no lo hiciese.
Orgullo Z, así se llama la novela (editada por Stonewall), es una de las historias de zombies que más he disfrutado. Me ha atrapado desde la primera hasta la última página. El mundo zombie abarca una gama de lo más amplia. Tenemos el cine más de autor y crítica social de Romero, las infames pero indispensables italianadas de clase Z; con maquillaje fatal y pésima calidad de vídeo, los zombies americanos de los 80s (algo absurdos pero efectistas), y varios booms en los últimos años; la terrorífica saga de 28 días después, los remakes y regreso del cine de Romero con tres entregas más, pasando por el Gran Hemano zombie de Dead Set y la gloriosa saga de REC, y terminando con la ya masivamente exitosa Walking dead en cómic y televisión, sin olvidar las novelas de la serie Apocalipsis Z, de Manel Lureiro. Todas y cada una de ellas me gustan por unas razones o por otras; puro terror en unos casos, y una reflexión quizás más compleja en otros. Pero ¿que hace que una historia de zombies trascienda en mi iconografía?: está claro que depende de los personajes de cada historia, más que de los zombies en si. De los personajes y de como se las arreglan para sobrevivir.
Orgullo Z es una historia mucho más completa de lo que uno sospecha más allá del inicio. Podría quedarse en narrativa gay, pero no lo hace, ya que es una perfecta historia de género; para todos los públicos. Que además transcurra en Chueca puede ser un añadido de valor para parte del lectorado entre el que me incluyo, pero no la hace exclusiva de ningún modo. Podría también conformarse con una serie de escenas de terror muy logradas que aún tengo frescas en la mente y segurirán ahí durante un tiempo: pero tampoco. Orgullo Z, al igual que el cine de Romero, the Walking Dead , y algunas más de mis favoritas, es una historia sobre el ser humano, sobre sus grandezas y sobre su miserias. El mérito del autor está en haber creado personajes creibles y cercanos, en medio de una situación ajena o irreal para el común de los mortales, sin perder en ningun momento la sensación de realidad y cotidianeidad. Las presentaciones son realmente buenas y, ¿por que no?, muy divertidas en algunos casos. Un ojo observador reconocerá incluso a alguna estrella del pop con el nombre ligeramente alterado.
Dicen que la mayoría de buenas historias tratan sobre personajes extraordinarios en situaciones ordinarias o de personajes ordinarios en situaciones extraordinarias. Creo que Juan le ha dado una vuelta de tuerca a esto, ya que los protagonista de Orgullo Z solo llegarían a personaje secundario, o amigo del prota en la ficción de terror convencional, dándoles una dimensión que no se ve habitualmente para este tipo de personajes y menos en dentro de este género.
La novela se disfruta a varios niveles y, a lo largo de 297 páginas, hay lugar para todo: humor, terror, crítica social, interesantes ,sin llegar a aburridas, reflexiones éticas y estéticas: VIH, indentidad de género, la pareja, la rivalidad entre amigas, el amor, la intolerancia. El narrador es inteligente y no se posiciona; deja que los personajes se retraten a si mismos con sus palabras y acciones, y deja que sean rebatidos a su vez: no hay que dar nada por hecho en una realidad asolada por los zombies!
La novela está realmente compartimentada y estructurada, es casi un diario, con un soprendente cambio de estilo narrativo al final. Hay evolución creible de personajes en un corto espacio de tiempo. Se va volviendo más oscura y dura a medida que avanzas, y siempre soprendiendo con cada giro en el guión. Otra cosa que me ha llamado la atención es la credibilidad que se le ha dado a todo lo que pasa; ejercito, control de enfermedades, los secundarios del barrio, lo español, la supervivencia, etc.
No me voy a extender más a riesgo de caer en un, para nada deseado, spoiler. Así que me despido, no sin antes dejar de recomendar al lector que se haga con un ejemplar de Orgullo Z de Juan Flahn y lo disfrute antes de que se lo cuenten, por que ciertamente tiene ese tipo de final que no te pueden contar antes de leer.
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